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¿¿¿¿QUIÉN PUEDE RESISTIRSE A ÉL????







Miércoles 13 de Agosto de 2008
¿¿¿¿QUIÉN PUEDE RESISTIRSE A ÉL????







Jueves 7 de Agosto de 2008
Ainsss!! He encontrado más foticos de este bombón mediterráneo!! Espero que os guste tanto como a mí!!




Buenoooo!! Esta escena va por Rosa. Ya sé, ya sé. A todas os gusta Gideon, peeeeero, es mío, porque nadie se lo pilló antes.
Jajajaja!! Miooooo!! En fin, ya sé que a Rosa le gusta mucho la historica y por eso le dedico la escenita esta, ya que no creo que haya muchas escenas de época por mi blog. Soy más de vampirillos y esas cosas. Los polis también me van. mmmmmm...Sammm.... 
Que me lio, aquí os dejo al
GRAN GIDEON SHAW
, que quién lo iba a decir, es un personaje secundario del libro "La antigua magia" de Lisa Kleypas, junto con Lady Livia, hermana del otro grande Marcus Westcliff. Mmmmm...¡qué gran hombre!
La escena que tenia frente la dejo sin aliento. Gideon Shaw estaba recostado un una tina que había sido colocada cerca del fuego, su cabeza ladeada hacia atrás contra el borde de caoba, una larga pierna colgaba descuidadamente sobre el borde. Él sostenía una copa llena de hielo en su mano, su mirada fija en ella mientras tomaba un trago. El vapor subía cubriéndolo desde la tina, condensándose en la dorada curva de sus hombros. Gotas brillaban en los rizos ámbar de su pecho y en los pequeños círculos de sus pezones.
Buen Dios, pensó Livia perplejamente. Los caballeros que sufren los efectos secundarios de un gran dosis de alcohol, generalmente lucen terriblemente. "Cabezas muertas en palos de escobas" es como le gustaba llamarlos a Marcus. Sin embargo, Livia jamás había visto algo tan magnifico como Gideon Shaw, descuidado y sin afeitar en una tina.
Frunciendo el cejo Shaw se levanto levemente, causando que el agua se derramase suavemente fuera de la tina. Brillantes arroyos se deslizaban sobre la superficie musculosa de su pecho.
- ¿Que estas haciendo aquí?- Pregunto secamente.
Livia estaba tan fascinada que apenas pudo responder. Separando finalmente su mirada de él, se humedeció los labios secos con la punta de su lengua.
- He venido a ver si estabas bien.
- Ya me has visto,- dijo el fríamente. - Estoy bien. Vete.
- No estas bien,- rebatió ella.- Estas ebrio, y probablemente no has comido nada en todo el día.
- Comeré cuando tengo apetito.
- Necesitas algo más nutritivo que el contenido de tu copa, Sr. Shaw.
Su fría mirada encontró la de Livia.
- Yo sé lo que necesito, mocosa arrogante. Ahora vete, o sino ganarás una vista completa de Gideon Shaw.
Livia jamás había sido llamada mocosa. Ella suponía que debería estar ofendida, pero a pesar de ello sintió una suave sonrisa crecer desde su pecho.
- Siempre he considerado tan pomposo cuando alguien se refiere a sí mismo en tercera persona...
- Soy un Shaw,- respondió él, como si por ello fuera perfectamente aceptable como excusa de su pomposidad.
- ¿No sabes que te ocurrirá si sigues bebiendo así? Te convertirás en un hombre asqueroso y arruinado, con una gran nariz colorada y una barriga que le cuelga.
- Así que en eso me convertiré,- dijo el fríamente, tragando el resto de su licor en un sólo y deliberado trago.
- Sí, y tu cerebro se pudrirá.
- Lo estoy esperando.- Él se inclinó sobre el borde de la tina, dejando la copa en la alfombra.
- Y serás impotente,- finalizo Livia triunfante.- Tarde o temprano, el alcohol roba la virilidad del hombre. ¿Cuándo fue la ultima vez que le hiciste el amor a una mujer, Sr. Shaw?
Evidentemente el reto era demasiado para que él aguantara. Shaw salió a gatas de la tina con una risa sardónica.
- ¿Estás pidiendo prueba de mi virilidad? Con mucho gusto, ven y tómala.
Mientras la mirada de Livia vagaba sobre el incontrolable cuerpo excitado de él, sintió como se ruborizaba ardientemente.
- Y-Yo debería irme. Te dejo para que pienses en lo que te he dicho...- Dio vuelta para escaparse, pero antes de que pudiera dar un paso él la agarro por detrás. Livia se detuvo, sus ojos se cerraron al sentir el cuerpo mojado y masculino apretarse contra su espalda. Su brazo chorreante la sostuvo justo por debajo de sus pechos.
- Oh, lo estoy pensando muy bien, milady.- Dijo él cerca de su oído. - Y he llegado a la conclusión de que sólo hay una verdaderamente efectiva refutación para tu argumento.
- No es necesario,- jadeó ella, mientras su brazo cambiaba de posición y su mano cubría su pecho izquierdo. Calor y agua traspasaron la tela, causando que su pezón se contrajera contra su palma.- Oh....
- No deberías lanzar calumnias sobre mi virilidad. Es un tema bastante susceptible para los hombres.
Livia comenzó a temblar, su cabeza cayó hacia atrás contra el hombro de él. Su cálida mano abandonó su pecho para dirigirse a piel expuesta de su cuello, y luego se deslizó debajo del borde de su corpiño. Ella se sacudió al sentir como él tocaba la dura punta de su pezón.
- Tendré que recordarlo,- susurró ella.
- Recuerda hacerlo.- Girándola en sus brazos, cubrió la boca de ella con la suya. La suavidad de sus labios, rodeados por la piel áspera sin afeitar, era locamente excitante. Livia se curvó hacia él ardientemente, sus manos deslizándose por el brillante cuerpo de él. Dándose levemente cuenta de que estaba a punto de tomar un nuevo amante luego de Amberley, Livia trató de recuperar su juicio... pero era imposible pensar con Gideon besándola una y otra vez, hasta que ambos cayeron de rodillas sobre la alfombra cubierta de agua.
Inclinándose sobre ella, Gideon se acomodó entre el montón de tela de su falda. Él desabrochó los primeros botones del corpiño y bajo la parte superior de su enagua hasta dejar al descubierto las suaves curvas de sus pechos. Ella deseó besarlo en ese momento. Deseaba su boca sobre la de ella, su lengua... el sólo pensarlo atrajo un gemido de su garganta.
Respirando agitadamente, Gideon acomodó su cuerpo más sobre ella, alcanzando algo por detrás de su cabeza. Ella sintió el ruido del hielo, y por un momento se preguntó si él iba a tomar un trago justo en este momento. Pero sólo agarró un fragmento de hielo de la copa y se lo introdujo en la boca, y luego, para el asombro de ella, el acercó su cabeza sobre ella. Él doblegó la punta de su pecho con un beso helado, su lengua pasando sobre su pezón con ágiles y heladas caricias. Livia se contoneó debajo de él con un grito de asombro, pero Gideon la sostuvo y persistió, hasta que el hielo se disolvió en su boca caliente.
La fuerte presión de su excitación presionaba contra la parte interior del muslo de ella, mientras que cada caricia de la boca de él tensaba un resorte de placer en las entrañas de Livia. Deslizando sus manos en el suave y mojado cabello dorado de él, mantuvo su cabeza contra ella, mientras que sus caderas se movían hacia arriba.
Pero Gideon la soltó de repente, separándose de ella con un gemido.
- No,- dijo él miserablemente.- La primera vez no puede ser así. Estoy demasiado borracho para hacerlo correctamente, y no te insultaré de esa manera.
Livia lo miró fijamente, demasiado excitada como para pensar claramente. Sus pechos latían palpitantes.
- No me sentiré insultada. No lo estabas haciendo mal para nada...por el contrario...
- Y en el piso, nada más,- murmuro él. - Mi Dios, perdóname Livia, no mereces que te trate de esta manera.
- Estás perdonado,- le dijo rápidamente, - No fue tan incómodo. Me gusta esta alfombra. Entonces volvamos a....
Pero su compañero ya estaba parado a sus pies. Livia aprendió después que Gideon sentía horror de ser poco caballeroso. Encontrando una bata, se la puso de un tirón y la amarró a su cintura. Él volvió a donde estaba Livia y la levantó del suelo. - Lo siento,- le dijo y arregló sus ropas y torpemente abrochó su vestido.
- Esta todo bien, en serio.
- Te tienes que ir, Livia. Ahora, antes que te ponga de espaldas de nuevo.
Martes 5 de Agosto de 2008
Holita a todos!!! Pues bien, sé que tengo un poco abandonaito mi blog, pero es que no me da tiempo de poner todo lo que me gustaría.
Por lo pronto voy a hacer publicidad del blog de una amiga forera de las sombras, que escribe unas cosas....ains!!! Es puro fuego!!
Bueno, pues, aquí os dejo el link, y espero que lo disfrutéis tanto como yo.
http://laplumadepapel.blogspot.com/
Ala!! A disfrutar!!
Besos!!!
Lunes 28 de Julio de 2008
Mmmm!! Aquí os traigo otra escena de Sam, que, por lo que sea, me encanta! Sueño yo con una escena así en mi vida, aunque quizás cambiaría el final de la misma....jajajajaja!! Ya veréis, ya... Esta Jaine tiene salidas para todo.
Resumo: Jaine está tranquilamente lavando su querido coche, en el camino de entrada de su casa, todo feliz y contenta, cuando de repente, mi adorado Sam Donovan, le sorprende por la espalda, dándole un susto de muerte. Ella se venga empapándole con la manguera, hasta que el ataca, inmovilizándola entre el coche y su cuerpo...mmmmmmmmm.....
Sam tenía las pestañas llenas de gotitas de agua.
-Me ha mojado adrede -la acusó, como si no pudiera creer que ella hubiera hecho semejante cosa.
-Usted me ha asustado -lo acusó Jaine a su vez-. Ha sido sin querer.
-Eso ha sido la primera vez. La segunda vez, lo ha hecho a propósito.
Ella afirmó con la cabeza.
-Y ha dicho «mierda» y «maldita sea». Me debe cincuenta centavos.
-Ahora tengo reglas nuevas. Usted no puede incitarme a la violencia y después multarme por recurrir a la violencia.
-¿Está tratando de librarse de pagarme? -preguntó Sam, incrédulo.
-Así es. Todo es culpa suya.
-¿Cómo es eso?
-Me ha asustado adrede, no intente negarlo. Eso hace que la culpa en primer lugar le corresponda a usted. -Probó a debatirse un poco para zafarse de la presión que ejercía Sam con su peso. Maldita sea, cuánto pesaba. Y estaba casi tan rígido como la chapa de metal que tenía detrás.
Sam aplastó su intento de fuga apretándose aún más contra ella. El agua que le empapaba la ropa empezó a gotear por las piernas de Jaine.
-¿Y la segunda vez?
-Usted ha dicho j... -Jaine se interrumpió a sí misma-. Mis dos tacos juntos no son, ni mucho menos, tan groseros como el único que ha pronunciado usted.
-¿Qué pasa? ¿Ahora tenemos un sistema de puntos?
Jaine lo fulminó con la mirada.
-Mire, yo no habría dicho ninguna de esas dos cosas si: (a), usted no me hubiera asustado, y (b), usted no me hubiera lanzado un taco la primera vez.
-Puestos a echar las culpas, yo no habría dicho un taco si usted no me hubiera mojado.
-Y yo no lo habría mojado si usted no me hubiera asustado. ¿Lo ve? Ya le he dicho que todo es culpa suya -dijo Jaine en tono triunfante, ladeando la mandíbula.
Sam respiró hondo. Aquel movimiento de su pecho aplastó los pechos de Jaine aún más de lo que ya estaban y la hizo tomar conciencia de sus pezones. Sus pezones tenían plena conciencia de la presencia de él. Oh. Sus ojos se agrandaron, súbitamente alarmados.
Sam la observaba con una expresión indescifrable.
-Suélteme -le espetó, más nerviosa de lo que le importaba ocultar.
-No.
-¿Que no? -repitió Jaine-. No puede decir que no. Retenerme contra mi voluntad es ilegal.
-No la estoy reteniendo contra su voluntad; la estoy reteniendo contra su coche.
-¡Por la fuerza!
Él lo reconoció encogiéndose de hombros. No parecía estar muy alarmado por la perspectiva de infringir alguna ley que prohibiera maltratar a vecinas.
-Suélteme -volvió a decir Jaine.
-No puedo.
Ella lo miró suspicaz.
-¿Por qué no? -En realidad temía saber por qué no. Aquel «por qué no» llevaba ya unos minutos aumentando de tamaño dentro de los pantalones mojados de Sam. Jaine estaba haciendo todo lo humanamente posible para ignorarlo, y de cintura para arriba, excepto por los indisciplinados pezones, lo estaba logrando. De cintura para abajo había caído en un abyecto fracaso.
-Porque voy a hacer algo de lo que me arrepentiré. -Sam sacudió la cabeza en un gesto negativo, como si no se comprendiera a sí mismo-. Sigo sin tener a mano un látigo y una silla, pero qué diablos, me arriesgaré.
-Espere -gimió Jaine, pero ya era demasiado tarde.
Vio cómo bajaba hacia ella su cabeza oscura.
La tarde desapareció de repente. De lejos, en la calle, le llegó el grito de un niño que rompía a reír. Pasó un coche. El ruido amortiguado de unas tijeras de podar alcanzó sus oídos. Todo aquello pareció lejano y desconectado de la realidad. Lo real era la boca de Sam sobre la suya, aquella lengua que se enredaba con la suya, el aroma masculino de su cuerpo que penetraba por sus fosas nasales y le llenaba los pulmones. Y el sabor... oh, aquel sabor. Sam sabía a chocolate, como si acabase de comer una chocolatina. Sintió deseos de devorarlo.
Jaine reparó en que estaba aferrándose con los puños a la tela mojada. De una en una, sin interrumpir el beso, separó las manos de la camiseta de Sam y las colocó alrededor de su cuello, permitiéndole acomodarse más plenamente contra ella, desde el hombro hasta la rodilla.
¿Cómo era posible que un simple beso la excitara de aquella forma? Pero no era un simple beso; Sam empleaba todo su cuerpo, rozándole los pezones contra su pecho hasta que la fricción los hizo erguirse, duros y sensibles, moviendo el bulto que formaba su erección contra el estómago de ella en un ritmo lento y sutil que de todos modos resultaba más potente que una ola marina.
Jaine oyó el sonido salvaje y ahogado que surgió de su propia garganta e intentó trepar por el cuerpo de Sam, elevarse hasta una posición en la que aquel bulto surtiera el máximo efecto. Estaba ardiendo, abrasada de calor, medio enloquecida por aquel súbito embate de necesidad y frustración sexual.
Sam todavía sostenía la manguera en una mano. Rodeó a Jaine con los brazos y la levantó los pocos centímetros que hacían falta. El chorro de agua se arqueó peligrosamente, salpicó a Bubú y lo hizo saltar a un lado con un bufido de enfado, luego chocó contra el coche y los empapó aún más a ellos dos. Pero a Jaine no le importó. Tenía la lengua de Sam dentro de su boca y las piernas alrededor de las caderas de él, y aquel bulto estaba justo donde quería que estuviera.
Sam se movió -otro de aquellos roces sutiles- y Jaine a punto estuvo de alcanzar el climax allí mismo. Hundió las uñas en la espalda de Sam y emitió un sonido gutural al tiempo que se arqueaba en sus brazos.
Sam apartó su boca de la de ella. Estaba jadeante, con una expresión ardiente y salvaje en los ojos.
-Vamos adentro -dijo en un tono tan grave y ronco que casi resultó ininteligible, poco más que un gruñido.
-No -gimió Jaine-. ¡No te pares! -Oh, Dios estaba cerca, muy cerca. Volvió a arquearse contra él.
-¡Por Dios santo! -Sam cerró los ojos. Apenas podía reprimir una expresión contraída por el deseo-. Jaine, no puedo follarte aquí fuera. Tenemos que entrar.
¿Follar? ¿Dentro?
¡Dios del cielo, estaba a punto de hacerlo con él y aún no había empezado a tomar la pildora!
-¡Espera! -chilló presa del pánico, empujando contra sus hombros y desenrollando las piernas para ponerse a dar patadas-. ¡Para! ¡Suéltame!
-¿Que pare? -dijo él, desconcertado-. ¡Pero si no hace ni un segundo me has dicho que no pare!
-He cambiado de idea. -Aún seguía empujándolo en los hombros. Aún seguía sin conseguir absolutamente nada.
-¡No puedes cambiar de idea! -Ya parecía desesperado.
-Sí que puedo.
-¿Tienes herpes?
-No.
-¿Sífilis?
-No.
-¿Gonorrea?
-No.
-¿Sida?
-¡No!
-Entonces no puedes cambiar de idea.
-Lo que tengo es un óvulo maduro.