LOVER UNBOUND (Amante liberado) de J.R. Ward
Esta es una de las muchas escenas hot de esta novela, sin llegar al coito. El protagonista, Vishious, es mi personaje masculino favorito y esta novela me pone los pelillos de punta cada vez que la leo. Es la quinta de una serie de seis novelas (de momento), de las cuales, sólo las tres primeras están editadas en españa por Maderley ( www.pasionmaderley.com ), la hermandad de la daga negra. Todas ellas son grandes novelas, e iré poniendo mis escenas favoritas de todas ellas.
Pongo la escena completa para que se pueda entender un poco el contexto y la situación. Él fue herido de bala y ella es la doctora que lo operó y fue secuestrada por los otros vampiros para que cuidara de él.
"Mientras volvía a remojar la toallita, debatió si querría ir más al sur. Más al sur. Como... todo hacia el sur. Lo último que necesitaba era más conocimiento íntimo sobre lo perfecto que era su cuerpo, pero quería terminar el trabajo... aunque sólo fuera para probarse que no era diferente a ninguno de sus otros pacientes.
Podía hacer esto.
Salvo que cuando fue a bajar los cobertores, él agarró el edredón y lo mantuvo en su lugar.
-No creo que quieras ir ahí.
-No es nada que no haya visto antes. -Cuando cerró los párpados y no respondió, dijo con voz suave-: Te operé, por lo que soy muy consciente de que estás parcialmente castrado. No soy una cita, soy médico. Te prometo que no tengo ninguna opinión sobre tu cuerpo, salvo lo que representa clínicamente para mí.
Él hizo una mueca antes de poder esconder la reacción.
-¿Ninguna opinión?
-Simplemente deja que te lave. No es para tanto.
-Bien. -Esa mirada diamantina se entrecerró-. Haz lo que quieras.
Ella apartó las sábanas a un lado.
-No hay nada por lo que...
¡Joder...! El paciente estaba completamente erecto. Tremendamente erecto. Yaciendo directamente sobre la parte inferior de su vientre, estirándose desde la entrepierna hasta más arriba del ombligo, era una erección espectacular.
-No es para tanto, ¿recuerdas? -dijo Vishous arrastrando la voz.
-Ah... -se aclaró la garganta-. Bien... simplemente voy a continuar.
-Por mí, bien.
El problema era que no podía recordar exactamente lo que tenía que hacer con la toallita. Y estaba mirando. Realmente mirando.
Que era lo que hacía una cuando tenía a la vista un hombre tan dotado como un Louisville Slugger (uno de los mejores bates de beisbol).
Oh, Dios, ¿de verdad acababa de pensar eso?
-Como ya has visto lo que me hicieron -dijo Vishous con voz lacónica-, sólo puedo imaginarme que estás comprobando mi ombligo en busca de pelusas.
Sí. Claro.
Jane volvió a la rutina, pasando el paño por sus costillas.
-Así que, ¿cómo pasó?
Como no respondió, levantó la mirada a su rostro. Sus ojos estaban enfocados en el otro lado de la habitación, y estaban apagados, sin vida. Había visto esa mirada antes, en pacientes que habían sido atacados, y supo que estaba recordando el horror.
-Michael -murmuró-, ¿quién te hizo daño?
Él frunció el ceño.
-¿Michael?
-¿No es tu nombre? -volvió a poner la toallita en la palangana-. ¿Por qué no me sorprende?
-V.
-¿Perdón?
-Llámame V. Por favor.
Le volvió a pasar el paño por el costado.
-V, entonces.
Jane ladeó la cabeza y observó su mano subir por el torso masculino, y luego volver a bajar. Se quedó atascada, sin bajar más. Porque a pesar de la distracción de él por su desagradable pasado, todavía estaba erecto. Totalmente erecto.
Bien, momento de moverse hacia abajo. Hey, era una adulta. Un médico. Había tenido un par de amantes. Lo que estaba presenciando era simplemente una función biológica que tenía como resultado una concentración de sangre en su increíblemente largo...
Eso no era para nada a donde se tenían que dirigir sus pensamientos.
Cuando Jane bajó la toalla por su cadera, intentó ignorar el hecho de que se movía mientras lo recorría, la espalda se arqueaba, esa pesada erección en su vientre empujaba hacia delante, y luego volvía a colocarse en su lugar.
De la punta surgió una gota brillante y tentadora.
Levantó la vista para mirarlo y... se congeló. Los ojos de Vishous estaban en su cuello, y ardían con una lujuria que no era sólo sexual.
Cualquier atracción que pudiera sentir por él desapareció. Era un macho de otra especie, no un hombre. Y era peligroso.
Su mirada bajó al paño en las manos de Jane.
-No te morderé.
-Bien, porque no quiero que lo hagas. -Eso lo tenía claro. Demonios, se alegraba de que la hubiera mirado de esa forma, porque la había devuelto de golpe a la realidad-. Escucha, no es que quiera saberlo personalmente, pero ¿duele?
-No lo sé. Nunca me han mordido.
-Creí que dijiste...
-Me alimento de hembras. Pero nunca nadie ha bebido de mí.
-¿Por qué? -cuando cerró la boca con fuerza, ella se encogió de hombros-. Bien podrías decírmelo. No voy a recordar nada, ¿verdad? Así que, ¿qué te costaría hablar?
Cuando el silencio se extendió, perdió el coraje con su región pélvica y decidió empezar a recorrerlo por los pies. En el extremo de la cama, pasó la toalla por las plantas de sus pies, luego por los dedos, y él saltó un poco, como si tuviera cosquillas. Se movió a sus tobillos.
-Mi padre no quería que me reprodujera -dijo el paciente abruptamente.
Los ojos de ella lo miraron de golpe.
-¿Qué?
Levantó la mano enguantada, y luego se tocó con el dedo la sien que tenía los tatuajes.
-No estoy bien. Ya sabes, normal. Así que mi padre intentó arreglarme como a un perro. Por supuesto, también estaba la feliz correlación de que también era un condenado castigo. -Cuando ella soltó aire en un suspiro compasivo, la apuntó con el dedo índice-. Si me muestras algo de compasión, voy a pensarme dos veces la promesa de no morder que te acabo de hacer.
-Nada de compasión, lo prometo -mintió suavemente-. ¿Pero qué tiene que ver eso con que bebas de...?
-Simplemente no me gusta compartir.
A sí mismo, pensó. Con nadie... excepto tal vez con Red Sox.
Subió gentilmente la toalla hasta su espinilla.
-¿Por qué fuiste castigado?
-¿Puedo llamarte Jane?
-Sí. -Volvió a humedecer la toallita y la deslizó por su pantorrilla. Cuando volvió a quedarse silencioso, Jane dejó que tuviera privacidad. Por el momento.
Bajo su mano, la rodilla de él se flexionó, el muslo que estaba encima se contrajo y se soltó en un movimiento sensual. Sus ojos miraron rápidamente la erección, y Jane tragó con fuerza.
-¿Así que vuestro sistema reproductivo funciona como el nuestro? -preguntó.
-Bastante.
-¿Has tenido amantes humanas?
-No me van los humanos.
Ella sonrió torpemente.
-No te preguntaré lo que estás pensando ahora, entonces.
-Bien. No creo que te sientas cómoda con la respuesta.
Pensó en la manera en que había mirado a Red Sox.
-¿Eres gay?
Sus ojos se estrecharon.
-¿Por qué lo preguntas?
-Pareces bastante apegado a tu amigo, el tipo de la gorra de béisbol.
-Lo conocías, ¿verdad? De antes.
-Sí, me resulta familiar, pero no sé de qué lo conozco.
-¿Te molestaría?
Recorrió con la toalla su muslo hasta llegar a la coyuntura de sus caderas, y luego la bordeó.
-¿Qué fueras gay? Para nada.
-Porque te haría sentir más segura, ¿verdad?
-Y porque no tengo prejuicios. Como médico, comprendo bastante bien que sin importar nuestras preferencias, todos somos iguales en el interior.
Bueno, por lo menos los humanos. Jane se sentó en el borde de la cama y le volvió a poner la mano en la pierna. Cuando se fue acercando a su erección, Vishous contuvo el aliento y su larga longitud se movió. Mientras sus caderas giraban, ella levantó la vista. Se había mordido el labio inferior, y los colmillos se clavaban en la suave carne.
Ok, eso era realmente...
Para nada asunto suyo. Pero hombre, en ese momento debía estar teniendo una ardiente fantasía sobre Red Sox.
Diciéndose a sí misma que esto era una situación normal de baño con esponja, y sin creerse la mentira ni por un instante, llevó la mano a su abdomen, pasando la hinchada cabeza y bajando por el otro lado. Cuando la punta de la toallita rozó su sexo, Vishous siseó.
Que Dios la ayudara, lo hizo otra vez, subiendo lentamente y girando alrededor, y dejando que la erección fuera acariciada ligeramente.
Las manos de Vishous se apretaron contra las sábanas, y en un bajo tono áspero dijo:
-Si sigues con eso, vas a descubrir lo mucho que tengo en común con un hombre humano.
Santo Cristo, quería verlo... No, no lo hacía.
Sí, si quería.
Su voz se hizo más profunda.
-¿Quieres que tenga un orgasmo?
Ella se aclaró la garganta.
-Por supuesto que no. Eso sería...
-¿Inapropiado? ¿Quién lo va a saber? Sólo estamos tú y yo aquí. Y sinceramente, me vendría bien algo de placer ahora.
Jane cerró los ojos. Sabía que para él nada de esto era por ella. Además, no es como si fuera a saltar en la cama para aprovecharse de él. Pero realmente quería saber lo bien que se vería cuando...
-¿Jane? Mírame. -Como si controlara sus ojos, estos se levantaron lentamente para encontrar los de él-. No mi rostro, Jane. Vas a mirar mi mano. Ahora.
Accedió, porque no se le ocurrió no hacerlo. Y tan pronto como lo hizo, la mano enguantada soltó su fuerte agarre sobre las sábanas y envolvió la gruesa erección. En una ráfaga, el paciente expulsó todo el aire, y movió la mano de arriba abajo por su miembro, el cuero negro en contraste con el profundo rosa de su sexo.
Oh... Dios... mío.
-¿Quieres hacer esto, verdad? -dijo con rudeza-. No porque me desees. Sino porque te preguntas cómo se sentirá, y el aspecto que tendré cuando me corra.
Cuando continuó las caricias, ella se aturdió por completo.
-¿Verdad, Jane? -su respiración se empezó a acelerar-. Quieres saber lo que siento. Qué clase de ruidos hago. A qué huelo.
No estaba asintiendo con la cabeza, ¿no? Mierda. Lo estaba haciendo.
-Dame tu mano, Jane. Deja que te ponga sobre mí. Aunque sólo sea por curiosidad clínica, quiero que me hagas acabar.
-Pensé... pensé que no te gustaban los humanos.
-No me gustan.
-¿Y qué crees que soy yo entonces?
-Quiero tu mano, Jane. Ahora.
A ella no le gustaba que nadie le dijera lo que hacer. Hombres, mujeres, no importaba. Pero cuando era una orden como esa con voz ronca, que salía de un animal magnífico como él... especialmente mientras yacía estirado delante de ella, completamente erecto... estaba condenadamente cerca de ser imposible de negar.
Más tarde se ofendería por esa orden. Pero ahora la seguiría.
Jane puso la toallita en la bacinilla y no podía creer que estuviera extendiendo la mano hacia él. Vishous tomó lo que ofrecía, tomó lo que había exigido que le diera, y la llevó a su boca. En un lento y sabroso movimiento, lamió el centro de su palma, la lengua una cálida y húmeda pasada. Después tomó la carne femenina y la puso sobre su erección.
Ambos jadearon. Estaba duro como una roca, y caliente como una hoguera, y era más ancho que su muñeca. Mientras se sacudía dentro de su puño, una parte de Jane se preguntó qué demonios estaba haciendo, y la otra, la parte sexual, volvió a la vida. Lo que le provocó pánico. Aplastó esos sentimientos, usando el alejamiento que había perfeccionado tras años de ejercer la medicina... y mantuvo la mano derecha donde estaba.
Lo acarició, sintiendo la fina y suave piel moviéndose por encima del rígido centro. La boca masculina se abrió mientras ondulaba en la cama, y su cuerpo arqueado le dio a sus ojos un increíble repaso. Mierda... V era puro sexo, totalmente, sin inhibiciones o incomodidades, nada salvo un orgasmo como una tormenta creciente.
Jane bajó la vista a donde lo estaba tocando. Su mano enguantada era tan condenadamente erótica yaciendo justo debajo de donde ella lo tocaba, los dedos rozando ligeramente la base y cubriendo las zonas de tejido con cicatrices.
-¿Cómo me sientes, Jane? -dijo con voz ronca-. ¿Me sientes diferente a un hombre?
Sí. Mejor.
-No. Eres justo igual. -Sus ojos se desviaron a los colmillos que se clavaban en el labio inferior. Sus dientes parecían haberse alargado, y tuvo el presentimiento de que sexo y alimentación iban unidos-. Bueno, no tienes el mismo aspecto que ellos, por supuesto.
Algo parpadeó en el rostro de él, una especie de sombra, y deslizó la mano más abajo entre sus piernas. Al principio Jane asumió que estaba frotando lo que colgaba más abajo, pero se dio cuenta de que se estaba tapando ante sus ojos.
Una chispa de dolor le recorrió el pecho como una cerilla encendida, pero entonces gimió profundamente en su garganta y su cabeza golpeó hacia atrás, el cabello negro azulado rozó la almohada negra. Cuando sus caderas se flexionaron hacia arriba, los músculos del estómago se apretaron en una ráfaga secuencial, los tatuajes de su entrepierna se estiraron y volvieron a su posición.
-Más rápido, Jane. Ahora lo vas a hacer más rápido para mí.
Una de sus piernas se elevó y sus costillas empezaron a bombear con fuerza. En su piel lustrosa y fluida, comenzó a brillar una capa de sudor bajo la tenue luz de la lámpara. V se estaba acercando... y cuanto más lo hacía, más se daba cuenta de que estaba haciendo esto porque quería. Lo de la curiosidad clínica era una mentira. La fascinaba por diferentes razones.
Continuó acariciándolo con fuerza, centrando la fricción en la gruesa cabeza.
-No pares... Joder... -arrastró la palabra, los hombros y el cuello tensos, los pectorales apretándose mientras exponían afilados bordes.
De repente, sus ojos se abrieron totalmente y resplandecieron brillantes como estrellas.
Entonces mostró unos colmillos que se habían alargado por completo y gritó su liberación. Mientras se corría, miró el cuello femenino, y el orgasmo se prolongó hasta que se preguntó si había tenido dos. O más. Dios... era espectacular, y en medio de su placer, esa gloriosa fragancia de especias oscuras llenó la habitación hasta que ella la respiró, en vez del aire ."

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