Fantasías III - Primera Parte
Nita levantó la cabeza del pecho de Blay, que permanecía tirado en el suelo con ella encima. Habían pasado 10 minutos completos, pero malditos si eran capaces de mover un dedo siquiera. Suerte que había tenido el reflejo de cerrar el agua en cuanto él había abierto la mampara de la ducha como un salvaje.
Se sonrojó al recordar como se veía, tan fiero y ardiente, tan... jodidamente sexy. Las rodillas se le habían convertido en gelatina y su centro se había empapado inmediatamente al verlo así. Su clítoris había latido como si poseyera un corazón propio.
Un espasmo en las paredes vaginales, eco de la pasión vivida y de la venidera, apretaron la verga semierecta de él, que permanecía cómodamente en su interior. Donde tenía que estar. Sus brazos acunándola protectoramente, su cuerpo absorbiendo su peso.
Empezó a depositar besos tiernos en la dura columna de su apetitosa garganta, acariciándolo con la nariz a su paso. Olía tan bien, suspiró. Ascendió lentamente por su mandíbula, dándole pequeños lametones en esa exquisita piel dorada. La polla en su interior palpitó, su ronca risa retumbando en su pecho, bajo las palmas de sus manos. Terminó su recorrido posando sus labios sobre los del vampiro, presionando suavemente. Él respondió a su beso lánguidamente, deslizando una mano por la espalda de ella hasta llegar a su nalga, acariciando y amasando su carne, la otra, sujetándola por la nuca, acercándola más a él.
Cuando lamió su labio inferior y lo atrapó entre sus dientes, Blay gimió, su erección dura y caliente dentro de ella. Preparado para ella. Con una sonrisa se sentó sobre él, metiéndosela hasta el fondo de su ser. Jadearon a la vez.
-Esto se siente tan bien- ronroneó ella, ondulando las caderas sobre él, meciéndose suavemente.Él la sujetó por las caderas, intentando refrenarla... o que lo hiciera más fuerte.
-Nita... me matas- gruñó, sus manos moviéndose hacia el norte, acunando sus pechos-. Podría estar follándote todo el día- apretó sus pechos, estimulando con los pulgares los pezones, que se endurecieron como diamantes.
Los ojos de Blay ardieron en fuego azul ante la visión y ella se estremeció, estrechando su húmedo canal. La espalda masculina se arqueó por el placer, el aire saliendo en un siseo. Su propia espalda formando un arco al sentirlo tan profundamente.
-¡Ey, Blay! ¿Qué coño estás...- La potente voz masculina irrumpió en el baño antes de que pudieran parpadear- haciendo?- Terminó en un susurro. La escena se congeló por latidos.
Madre mía, pensó Qhuinn, sabiendo que tenía que largarse de allí, pero incapaz de obligarse a hacerlo. Menuda estampa. Los observó perplejo ante la pureza del acto, estaban espectaculares, no encontró otra palabra para definirlo mejor. Blay estaba de espaldas en el suelo, sus piernas dobladas con las rodillas en el aire, los talones de sus grandes pies perfectos apoyados en el borde del plato de la ducha. Nita sentada sobre él, hermosa y salvaje como una amazona, sus manos cubriendo las de Blay sobre sus propios grandes y cremosos pechos.
Se miraban con tanto amor. Sus ojos brillantes y oscurecidos por el deseo, sus respiraciones rápidas y superficiales, sus labios hinchados, rojos y entreabiertos. Cuando sus cuerpos se habían arqueado, justo cuando estaba entrando, pensó que era lo más hermoso que había visto en su vida. Se había quedado mudo. Lo cual era mucho decir, viniendo de un macho como él.
Se sintió como un jodido mirón y a la vez honrado de que le hubieran hecho semejante regalo, aunque sin su consentimiento. Para su vergüenza, se endureció en sus pantalones. Él también lo deseaba. Los deseaba. A ambos.
Tenía que largarse de ahí, antes de que hiciera algo realmente estúpido, como sacarse la polla y masturbarse mientras los miraba. Su mirada se trabó con la de Blay y el tiempo se detuvo.
Nita observó sin aliento a Qhuinn analizando la escena. Se veía aturdido, avergonzado... y cachondo. Muy cachondo a juzgar por el tamaño de su erección.
Ella no sabía qué pensar de todo aquello, pero de algún modo, no parecía... incorrecto. Al fin y al cabo, era Qhuinn, una persona muy importante para ambos, y amaba el sexo. Podía entender su reacción. La que no acababa de entender era la de Blay. Primero parecía espantado por haber sido pillado; después, más cachondo que el mismo Qhuinn, ella lo sabía bien, porque lo tenía en su interior; pero finalmente parecía horrorizado cuando clavó sus ojos en los de ella.
Nita sabía lo que Blay sentía por el otro macho. Había estado enamorado de él por años, más exactamente, hasta que ella había aparecido. Porque ella era su compañera. No habría nadie más para él. Pero eso no impedía que deseara a Qhuinn, ella misma lo hacía, pues éste era casi tan caliente como su macho. Casi.
Le dedicó una sonrisa tranquilizadora, llena de amor y fuego, y se deslizó por su miembro hasta casi salirse del todo, para luego dejarse caer de nuevo. Con fuerza.
Blay gritó de éxtasis. Qhuinn gimió, su poderoso cuerpo temblando. Nita rió entusiasmada. Iba a darle a cada uno lo que querían.
Blay estaría por fin con Qhuinn.
Qhuinn follaría con los dos.
Y ella cumpliría su fantasía más caliente. Un trío. Con dos machos.
Geeeenial.

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