El diario rojo de Anita

Voy a crear un diario un poco subido de tono, agregando escenas eróticas de mis novelas favoritas y comentándolas un poco. Incluiré alguna que otra fantasía que se me ocurra y la acompañaré de alguna foto "interesante"... ejem.

Amantes

Amantes

Fantasías V

 

- Te voy a follar hasta que no puedas andar.

 

La voz masculina traspasó la neblina que envolvía su cerebro espesamente. ¿Follar? ¿Follar? Su sexo se humedeció con el solo pensamiento. Oh, sí. A su cuerpo le parecía una maldita buena idea. Sobre todo si el que la follaba era este hombre que estaba con ella.

 

Pero no podía hacer eso. Tenía una pareja allá fuera, en la vida real, que la estaría esperando cuando se dignara a regresar. Pero no quería volver, quería hacer precisamente lo que él le estaba susurrando provocativamente en el oído. Sexo. Puro y duro sexo salvaje. Eso era lo que quería. Lo que  necesitaba. Su piel caliente así lo atestiguaba.

 

Quiso protestar, en un intento inútil de hacer recapacitar a su acompañante, porque no podía negarle nada que éste le pidiera, ni siquiera eso, y aún así él sabía. Sabía que había otro y eso era lo que más le enardecía e irritaba al mismo tiempo.  La idea de arrebatarle la mujer a otro le era sumamente atractiva, pero le enfurecía tener que arrebatar precisamente algo que siempre había considerado suyo. Porque ella era suya. Siempre lo había sido y siempre lo sería. Pero la vida rara vez da lo que quieres. Era así de simple y complicado al mismo tiempo.

 

La cabeza le daba vueltas; definitivamente se le había ido la mano con el tequila... otra vez. Lo último que recordaba era estar en el coche, de vuelta al hotel donde se estaba quedando, después del concierto. Debió de quedar inconsciente de camino, era una suerte de que no le hubiese dado un coma etílico con la cantidad de veces que recordaba haber empinado el codo. Siempre que estaba cerca de él sentía la imperiosa necesidad de beber. Beber para no pensar. Beber para olvidar. Olvidar que lo amaba. Porque no era a él al que tenía que amar y se sentía impotente. No había nada que pudiera hacer para controlar sus traicioneros sentimientos.

 

Intentó masajearse las sienes con los dedos e impedir que todo siguiera en movimiento a su alrededor, sólo para percatarse que no podía. Sintió una presión en las muñecas cuando quiso bajar los brazos que tenía extendidos sobre su cabeza. Algo parecido a la madera crujió con el movimiento ¡Maldito fuese! El shock hizo que el efecto del alcohol se disipara un poco. Lo suficiente para tomar conciencia de la situación. Con la vista emborronada miró hacia abajo por su cuerpo... que él estaba concentrado en desnudar. ¡Hijo de puta! ¡La había atado a su cama! ¡Desnuda!

 

Una risa ronca y erótica la traspasó como una corriente eléctrica. Él había sentido su tensión y se estaba riendo de ella. No iba a ponérselo nada fácil.

 

Así pues, no estaban en el hotel y, definitivamente, no iba a poder hacer nada para detenerlo. No es que quisiera hacer tal cosa, pero a pesar de la cantidad de alcohol que tenía en las venas, su estricta voluntad de hierro se negaba a ser infiel... o eso quería creer. Habían pasado siglos desde la última vez que lo había visto, sólo eran unos niños, pero el tiempo no había hecho nada para curar su corazón. Simplemente, ella se había dedicado a seguir adelante con su vida, como si él no existiese y nunca lo hubiera hecho. Pero esta semana que llevaba allí de vacaciones, de vuelta al hogar, se había dado cuenta de que nada había cambiado. Sus sentimientos habían crecido exponencialmente con los años y la madurez, deseándolo de una forma tan intensa que rayaba con la obsesión. Nunca se había considerado una persona apasionada, pero en los últimos días sólo podía pensar en hacer el amor una y otra vez. De todas las posturas posibles y en cualquier lugar disponible. A cualquier hora del día o la noche. Un aquí te pillo, aquí te mato continuo.

 

Y su deseo estaba a punto de volverse realidad.

 

-No llores -una lengua pecaminosamente húmeda y cálida lamió sus lágrimas-, no voy a hacer nada que no desees.

 

Ella se quedó desconcertada.  No había sido consciente de estar llorando, aunque tampoco la sorprendía; se sentía incapaz de afrontar la situación. Obviamente, él había malinterpretado sus lágrimas. Era precisamente por desearlo tanto que lloraba. Tampoco era una cosa que él necesitara saber en ese momento.

 

-Eres tan hermosa... -murmuró, su voz enronquecida. Sabía que para él siempre había sido hermosa y realmente la hacía sentirse así, a pesar del incontable número de defectos que tenía.

 

-Cuando estoy contigo me siento hermosa -susurró.

 

-He deseado esto durante tanto tiempo -confesó-. Pero estoy

cansado de esperar, tú nunca vendrás a mí por las buenas, así que lo harás por las malas -su lenta y tierna caricia desmintió el tono amenazante de su voz.

 

-Yo... -¿pero qué podía decir ella? Él estaba mortalmente decidido a terminar con lo que había empezado.

 

-No hace faltas que digas nada. Siempre puedes excusarte con que estabas indefensa si tu moral no puede soportarlo -su cinismo la hirió en lo más profundo del alma. Desde luego él no podía saber que ése no era el problema. Ella ya se había doblegado ante su férrea voluntad, aún a sabiendas de que luego tendría que enfrentarse a la inevitable rotura de un matrimonio, basado en la mentira de un amor inexistente. Ciertamente quería a su marido, lo respetaba y adoraba, en cierto modo, lo amaba, pero nunca con esta pasión y locura. Muy triste era darse cuenta tan tarde...

 

Más lágrimas rodaron por sus mejillas, fruto de la desesperación, pero no pudo hacer otra cosa que gemir cuando él cerró su boca sobre un pezón y lo chupó vorazmente, como si realmente se alimentara de él. Una descarga de deseo la sacudió, palpitando dolorosamente en su clítoris hinchado. Si tan solo pusiera la boca ahí...

 

A punto estuvo de correrse por imaginar sus calientes labios rodeando la pequeña protuberancia y golpeándola con la lengua. Jadeando, se arqueó sobre la cama, apretando su seno contra la boca avariciosa de él en muda súplica. Más, más, más... Era todo cuanto pedía.

 

Él aprovechó su posición para rodearle el torso con los brazos, pegando su plano pecho al abdomen femenino. Ella, entonces, se dio cuenta de que también estaba deliciosamente desnudo, su ardiente piel la quemaba y notaba el palpitar frenético de su corazón contra el estómago. Era increíblemente sensual.

 

Él se arrodilló entre sus piernas extendidas y su miembro duro, caliente y con un rastro de humedad de adhirió al interior de su muslo. Forcejeó desesperadamente con las ataduras, necesitando sentirlo, tocarlo... cualquier cosa. Se volvió completamente loca, perdió el control.

 

Levantando más su torso se pegó al cuerpo masculino estrechamente, su miembro palpitante rozando cruelmente su ingle.

 

-Ten paciencia, amor -respiró él entrecortadamente contra su pecho brillante por la saliva-, tenemos toda la noche...

Pero ella lo necesitaba ahora. Podrían jugar más tarde...

 

Retorciéndose bajo él, se abrazó a sus caderas con las piernas. Estaba tan cerca... Su polla palpitaba, rogando por entrar en ella, como ella rogaba por que entrara.

 

-Te necesito -susurró con voz ronca-. Ahora.

 

-No -su respuesta fue rotunda. Estaba dispuesto a saborear y torturar cada poro de su piel.

 

Su cuerpo sudoroso resbaló hacia abajo, haciendo un camino de besos húmedos en una dirección inequívoca. Oh, Dios. Oh, Dios. Lo iba a hacer. Su vagina se contrajo anticipadamente, dolorosamente vacía. Se detuvo en el monte de Venus, nunca lo suficientemente cerca, o no tanto como ella quería. Adelantó las caderas, sólo para ser retenida furiosamente contra el colchón por unas manos de acero que le quemaron la carne.

 

Él mordisqueó los labios de su sexo, haciéndola sufrir y retorcerse. El pañuelo que anudaba sus muñecas se clavaba un poco más en la sensible zona, pero ella no lo notó. Suavemente pasó la lengua por los pliegues, rozando sensualmente el clítoris. Ella tembló.

 

-¡Joder! -gruñó. Su voz ronca como si su seca garganta fuera papel de lija. La tensión cerrándola más.

 

Entonces envolvió el pequeño capullo con los labios y la penetró con dos dedos al mismo tiempo. Ella gritó sin aliento; sus dedos profundamente enterrados en su cuerpo y aún así no era suficiente. Pronto su lengua comenzó a trazar círculos alrededor del dolorido clítoris, aliviándolo y torturándolo al mismo tiempo. ¿Cómo era eso posible? Estaba tan cerca...

 

-¿Te gusta esto? -preguntó él, penetrándola con tres dedos ahora, enfatizando sus palabras.

 

-S-sí -jadeó ella-. Oh, sí. Pero... ¡joder! -exclamó cuando le acarició el clítoris con el pulgar, robándole el aliento de los pulmones.

 

-Pero... -instó él.

 

-Te... te necesito a ti.

 

-Sí -afirmó él-, y me tendrás.

 

Él se retiró, dejándola vacía y confundida. Sus manos le dieron la vuelta, los nudos en sus muñecas apretándose un poco más, inmovilizándola. La puso sobre sus rodillas y se colocó detrás. El glande acarició insinuante la entrada a su cuerpo, enviando temblores por su espina dorsal. Gimiendo, ondeó las caderas, apremiándolo, pero él se resistió.

 

Con una mano la agarró de la nuca, hundiendo su cara en la almohada, con la otra se agarró la polla, situándola en la entrada, después la agarró de la cadera y empujó duramente contra ella, enterrándose hasta la empuñadura. Ella ahogó un grito mordiendo la almohada, estremeciéndose violentamente por el placer que sentía. Oh, sí. Esto es lo que quería.

 

Con un gruñido salvaje, él se retiró casi completamente de ella sólo para volver a hundirse más fuerte y profundamente. No hubo descanso ni pausa. La taladró con fuerza bruta apenas contenida, gimiendo a cada estocada. Ella estaba sin aire, su cara hundida en el plumón, sus muslos eran gelatina, sólo se mantenía erguida por la garra sobre su cadera. Pero nada de eso importaba ahora, en ese mismo instante necesitaba la liberación más que respirar. Había perdido la noción de todo lo que la rodeaba. Sólo el placer y su vaina aferrando el miembro en su interior era lo que sentía. Lo que necesitaba para seguir con vida. Los poderosos muslos de él chocaban contra la parte posterior de los suyos y sus nalgas. Las pelotas golpeaban su clítoris a cada embate, desgarrándola de placer.

 

Estaba tan cerca...

 

Esta vez el no se detuvo.

 

-Vamos, cariño -gruñó entre golpe y golpe-. Quiero ver cómo te corres. Sentir como aferras mi polla con ese lindo coñito tuyo.

 

Sus palabras la hacían delirar y él continuaba penetrándola sin descanso, una vez y otra, y otra... Soltando el agarre sobre su nuca, le aferró ambas caderas con fuerza. Sus largos dedos llegaban a la ingle, provocándole escalofríos. Aumentó el ritmo frenéticamente y ella contuvo el aliento mientras su orgasmo se derramaba por su cuerpo, electrizando sus pezones aplastados contra el colchón; su piel se erizó completamente cuando gritó su liberación.

 

Sin aire en los pulmones aguantó las locas embestidas hasta que él también se corrió. Su semen caliente salió disparado a borbotones llenándola hasta rebosar.

 

-¡Oh, Dios! -exclamó él casi sin voz, mientras caía sobre ella y débilmente soltaba las ataduras. Le dio la vuelta suavemente y ella se acurrucó contra su cuerpo. Él la besó en los labios tiernamente-. Te quiero...

 

 

Te quiero... te quiero...

 

De repente abrió los ojos sobresaltada. Extendió los brazos a los lados. Una mano golpeó la pared, la otra cayó por el borde del colchón. Con un suspiro resignado afrontó la realidad: estaba sola. No marido, no amante, no nada.

 

Sola.

Nickelback

Bueno... esto no viene a cuento, pero hoy estoy melancólica y estas canciones me gustan mucho, así que las voy a compartir con vosotr@s.


Far Away


Someday

Fantasías IV - Cita con Revh

 

Se hizo un nudo con el cinturón de seda, aguantando la bata, de la misma seda negra, bien cerrada del escote hasta el medio muslo. No quería por nada del mundo, que su invitado descubriera antes de tiempo lo que llevaba debajo. No era en absoluto asunto suyo... todavía.

 

Descalza, salió de la habitación, cerrando la doble puerta tras de sí, y observó la sala con atención. Había escogido esa suite con mucho gusto, era elegantemente sencilla, pero muy acorde con sus necesidades. De momento, sólo iba a necesitar la mesa del comedor, equipada con un delicado mantel blanco, copas de vino y cubertería de plata, acompañada de un precioso candelabro también de plata con cinco velas rojas encendidas, y dos sillas; luego... ya se vería, aunque ese sofá de cuero negro tenía una pinta exquisita y los enromes sillones a juego, también.

 

Un suave golpe en la puerta la sacó de su ensoñación. Él había llegado. Respirando profundamente, intentó calmar los nervios que sentía, y se colocó esa máscara de fría sensualidad que tan bien conocía. Si en algún momento, él advirtiera su nerviosismo se iría todo al garete, pero es que estaba tan excitada... y ni siquiera habían cenado aún.

 

Preparándose mentalmente para la tortura que le esperaba, abrió la puerta suavemente y allí estaba él, envuelto en aquella aura de poder y misterio que tanto le gustaba. Todo él emanaba peligro y sexualidad, y sintió, alarmada pero no sorprendida, que empezaba a mojarse. Resbalando una mirada ardiente por su duro cuerpo, le invitó a pasar con un gesto de la mano y una sonrisa sensual.

 

-Hola, Nita -su voz ronca se deslizó como miel por sus venas-. Tu nota era muy escueta, no estaba seguro de qué iba a encontrarme -le lanzó una mirada, no poco desconcertado. Lo último que se esperaba era encontrársela en bata y descalza. ¿Qué estaría tramando?

 

-No necesitabas saber nada más, Revhenge -la sonrisa que le dedicó le hizo arder, confundiéndolo aún más. Y Nita lo sabía. Él estaba acostumbrado a que le cortaran las alas cada vez que hacía un avance más... en serio, y ahora no sabía cómo debía actuar.

 

-Como tú digas, cariño -enfocó la mirada en la habitación tenuemente iluminada y vio la mesa montada, lista para la cena. Enarcó una ceja-. ¿Me vas a invitar a cenar? Eso no es muy innovador, alguna de tus hermanas ya lo ha hecho.

 

-No corras tanto, Revh. Vayamos paso a paso.

 

En ese momento tocaron a la puerta y ella abrió la puerta al servicio que llegaba con la cena puntualmente. El camarero entró con el carro lleno de platos tapados y lo dejó al lado de la mesa. Ellos se sentaron y les sirvió un delicioso y fresco champán francés. Colocando un plato frente a cada uno de ellos, los destapó revelando las ostras vivas recién abiertas.

 

Él la miró sorprendido.

 

-Son afrodisiacas -dijo ella a modo de respuesta y observó fascinada como un rubor revelador se extendía por sus mejillas. Estaba empezando a entender...

 

El camarero ni se inmutó. Con perfectos modales hizo una leve reverencia y salió silenciosamente de la habitación. Por unos momentos no se escuchó nada en ella y se limitaron a mirarse fijamente a los ojos, como dos pistoleros. Antes de que pudiera desmantelar la forzada imagen que pretendía dar y perdiera el control, Nita desdobló su servilleta, colocándosela elegantemente en el regazo, exprimió unas gotas de limón sobre las ostras y se tragó la primera seguida de un sorbo de burbujeante champán. Revh la imitó, bajo su fija mirada.

 

Los ojos de él empezaron a brillar, clavados en ella, a medida que consumía lo que había en su plato. Había tanta tensión sexual en el ambiente que Nita pensó que se podría cortar con un cuchillo. Una imagen de lo que vendría después casi consigue arrancarle un gemido, pero se contuvo ferozmente. No era momento para pensamientos de cuerpos desnudos, sudorosos y entrelazados. No, aún no.

 

Se levantó cuando habían pasado unos intensos minutos desde que habían vaciado sus platos y los retiró, poniéndolos en el carro. Destapó otros dos más pequeños, cargados de fresas, y los repartió como debía. Retirando la cortinilla del carrito, sacó de la parte posterior una fondue cuya pequeña vela mantenía el chocolate espeso y caliente. Ésta fue colocada en el centro de la mesa, apartando a un lado el candelabro. Le tendió un pincho a su invitado y ella tomó otro, sentándose en su silla.

 

En absoluto silencio, atravesó una fresa con el instrumento, su mirada clavada en el macho frente a ella. Apoyó la barbilla en su mano libre, con total aire de indiferencia, y hundió su fruta lenta y metódicamente en el chocolate. Se acercó la fresa completamente cubierta a la boca, sacando la lengua para lamerla lentamente antes de meterla en ella.

 

Revh se removió incómodo en su silla. Llevaba excitado desde que había entrado por la puerta y la había visto con esa liviana bata de seda, pero ahora le estaba resultando especialmente difícil no tirarse sobre ella. Él era un macho civilizado. Sí, seguro. ¿Desde cuándo? Estaba ansioso, pero al mismo tiempo temeroso, de lo que le esperaba a continuación. Con el cuerpo vibrando por el deseo, empezó a comerse las fresas.

 

Nita acompañó la última con un trago de champán. A lo tonto se había tomado tres copas. No era mucho, pero sentía sus nervios un poco aletargados por el alcohol. Tanto mejor, pensó, pues estaba más tensa que un arco.  Con una sonrisa misteriosa en la boca, se puso en pie despacio y se dirigió a la habitación con paso suave y elegante, moviendo sensualmente las caderas, invitándolo a seguirla.

Se levantó tan bruscamente que a punto estuvo de tirar la silla al suelo. Caminó tras ella como un depredador al acecho, sus ojos clavados en el sinuoso balanceo de su trasero. Su erección amenazaba con hacer saltar la cremallera de su caro pantalón Versace y estaba empezando a verlo todo rojo. Sólo su voluntad de hierro impidió que la tirara al suelo y la tomara tan duro como deseaba. El problema estaba en que no sabía cuánto tiempo sería capaz de sostenerla... Ella abrió la puerta de par en par, captando su atención con el crujir de la madera, y se quedó paralizado en el umbral.

 

-¡Joder! -exclamó entre dientes. -Eres una niña muy mala -gruñó. Velas gruesas y negras estaban esparcidas por toda la habitación, creando un ambiente íntimo y un tanto gótico, como a él le gustaba. Sobre la cama extra grande con dosel  unas tiras de seda negra descansaban atadas a los postes de madera maciza, estiradas hacia el centro. Sobre la mesita se veían todo tipo de juguetes sexuales: plumas, aceites, lubricantes, consoladores, una mordaza... y una fusta. Ronroneó desde lo más profundo de su garganta.

 

-¿Quién? ¿Yo? -preguntó ella inocentemente. Llevando sus manos al nudo del cinturón, lo deshizo, quedando su bata abierta, que se deslizó suavemente por su piel ardiente con un ligero movimiento de sus hombros. Aterrizó en el suelo a sus pies, formando un charco de seda negra. Un corsé de fino encaje negro moldeaba su torso y elevaba sus pechos generosos, sin cubrirlos; un pequeño tanga protegía su centro rasurado y un liguero a juego sujetaba las finas medias en su lugar-. Si me he portado mal... vas a tener que castigarme.

 

-¡Oh, sí, nena! -aseguró Revh-. Ya lo creo que voy a tener que castigarte -su voz ronca la hizo estremecerse al borde del éxtasis, tan excitada estaba-. Túmbate -ordenó. Nita se apresuró a obedecer, arrodillándose en la cama para gatear hasta el centro. El gruñido de Revh al ver su trasero desnudo la estremeció hasta la médula y calor líquido empapó su centro. Temblando de deseo se tendió en el medio-. No, no. Boca abajo.

 

En cuanto lo hizo, el macho se apresuró a atar sus muñecas y tobillos. Sin previo aviso, su gran mano aterrizó abierta sobre su nalga derecha. Un grito sofocado de sorpresa escapó de su garganta. Inmediatamente sintió la picazón del golpe calentándole la carne expuesta. Él le masajeó el trasero con reverencia, antes de dejar caer su mano de nuevo sobre la otra nalga. Esta vez, ella gimió.

 

-Joder, Nita -murmuró-. Tienes un culo delicioso -y le dio otro azote-. Se está sonrojando de manera exquisita. Me encanta sentir la sangre palpitando bajo la piel -ella se removió en la cama, queriendo la liberación que se negaba a rogar porque sabía que no se la concedería. Otro azote. Un gemido.

 

Su clítoris palpitaba dolorosamente y su vagina se sentía perversamente vacía. Contuvo el aliento cuando Revh pasó un dedo largo bajo la tira del tanga que se hundía entre sus nalgas, jugueteando con ella o midiendo la fuerza que iba a necesitar para... Sí, eso, pensó ella cuando sintió la tela tensarse, para romperla.

Dos dedos se adentraron entre los labios de su sexo y se hundieron en ella bruscamente.

 

-¡Oh, Dios! ¡Revhenge! -gimoteó, tensando sus músculos interiores sobre los dedos exploradores-. Por favor...-estaba tan cerca. De pronto estuvo vacía, sólo que ahora el dolor era mucho peor. Necesitaba sentirlo dentro de nuevo, aunque sólo fuesen sus dedos- . Revh...

 

-No. Todavía no -su respuesta fue tensa y cortante. Lo que indicaba lo cerca que estaba de perder el control. La volvió a azotar. Tres veces. Su sexo vibraba a cada golpe, necesitando más. Sus dedos masajearon la zona de las nalgas, aliviando un poco el escozor, y se adentraron en la hendidura que las separaba. Masajeó suavemente el orificio fruncido, dilatándolo poco a poco. Un dedo se adentró en él, abriéndolo a su paso. Más, pensó ella desesperada, necesitaba más, empujando sus caderas hacia atrás lo obligó a penetrarla completamente. Nita se estremeció gimiendo, sintiendo al mismo tiempo una gran frustración. Más, más. Pero ese dedo también la abandonó, dejándola desolada.

 

Revh se alejó de ella con el cuerpo tenso. No sabía cuánto más iba a soportar esta tortura. Miró fijamente los juguetes, cogió un consolador y el lubricante, y volvió junto a ella, arrodillándose entre sus piernas abiertas. Su polla brincó, peligrosamente cerca de explotar. Necesitaba quitar la presión que las ropas le producía, pero sabía que una vez dejara su erección libre no sería capaz de evitar hundirse en el cuerpo femenino. Lubricando el pene artificial a fondo, colocó la punta sobre el fruncido orificio y empezó a empujar lenta pero inexorablemente. Ella tembló y arqueó la espalda, suplicando por más. ¡Santo Dios! Estaba convencido de que se iba a quemar cuando la follara. Su polla volvió a saltar, dándole la razón.

 

Comenzó un movimiento suave de penetración, hundiendo el consolador un poco más a cada embestida, hasta tenerlo totalmente enterrado en su interior. El sudor perlaba su frente y empapaba su espalda. Necesitaba un desahogo, aunque fuese leve, o el dolor en sus pelotas le iba a provocar un desmayo. Tomando una decisión le golpeó las nalgas de nuevo y dejó el consolador profundamente enterrado en su interior. Se movió hasta colocarse de rodillas delante de ella. Le colocó un par de almohadas bajo el pecho para elevarla del colchón y se desabrochó el cinturón, seguido del pantalón.

 

Nita gimió y se lamió los labios, conocedora de su próximo movimiento, bajándose los pantalones y los calzoncillos, liberó su pesada y enorme erección casi amoratada por la sangre allí acumulada. Tirándole bruscamente del pelo, la obligo a levantar la cabeza y guió su glande hasta sus labios. Ella lo besó y lamió, saboreando la salada perla que brillaba en la punta. Se deleitó con su olor y sabor y abrió la boca para facilitarse el acceso. Sus colmillos, ligeramente alargados, arañaron la carne sensible, estremeciéndolo al borde del orgasmo.

 

-¡Sí, así! Chúpame todo. ¡Sí! -gruñó Revh-. ¡Más, Nita! ¡Más! -ordenó, moviendo las caderas para penetrar más su boca. Ella emitió un sonido ahogado, esforzándose de buena gana a tragarla entera. Quería sentirla en su garganta. Apretó la boca entorno a él y presionó perversamente la lengua contra el glande. Sus colmillos se clavaron levemente en la carne y el no fue capaz de soportarlo más.

 

-¡Joder! ¡Joder! -jadeó mientras se corría, semen deslizándose hasta su estómago. Ella tragó golosa su esencia, gimiendo por su sabor. Siguió chupando y lamiendo el miembro sensible, hasta que Revh se retiró, aún duro; tirándole del pelo la obligó a mirarlo a los ojos amatista-. Ahora te vas a enterar -amenazó con un gruñido.

Estirándose, le desató las muñecas y luego se trasladó a los pies de la cama, para hacer lo propio con los tobillos. La giró de un movimiento brusco y, sujetándola por las pantorrillas con firmeza, colocó sus pies en los hombros al tiempo que se arrodillaba entre sus piernas. Antes de que ella pudiera saber que planeaba, su mano grande aterrizó con fuerza sobre sus labios y clítoris hinchados. Nita siseó arqueando la espalda por el dolor y el placer. Revh aprovechó el momento para enterrarse en ella hasta la empuñadura de una sola embestida. Apretó los dientes cuando la sintió caliente y mojada a su alrededor, los músculos ondeándose, adaptándose a su intrusión.

 

-Mierda -musitó para sí mismo. Esto iba a ser más difícil de lo que pensaba.

 

-No pares, Revh -ordenó Nita con voz rota-. Por lo que más quieras, ¡no pares!

 

Él se dejó caer sobre ella. Sus piernas abiertas y oprimidas entre sus cuerpos sudorosos. Lo agarró del pelo, atrayéndolo más contra sí y el último jirón de control que le quedaba se rompió. Con un grito salvaje empujó sus caderas con tanta fuerza que pensó que la partiría en dos, pero a ella pareció no importarle y continuaba tirándole del pelo, pidiendo más, gritando como loca.

 

La polla en su interior se sentía más grande de lo que ya era, por la presión que ejercía el consolador en su trasero, que se movía a cada empellón. La doble penetración la estaba volviendo loca. Era mucho mejor de lo que se esperaba. Esto superaba con creces todas sus expectativas. Él ya era de por sí un macho dominante y no necesitaba toda aquella parafernalia, pero era excitante sin duda.

 

Cada vez que hundía su maravillosa polla profundamente en ella, más arriba subía, hasta quedar en el borde del precipicio.

Una mano poderosa, sujetó las sus muñecas alejándola del pelo sedoso. Con una mirada furiosa, Revh las sujetó contra el colchón, sobre su cabeza. Con el movimiento, sus pechos se elevaron y lo llamaban como el canto de una sirena. Sin dejar de mover sus caderas rudamente, agachó la cabeza, metiéndose un duro pezón en la boca. Su sabor lo enloqueció, los colmillos palpitando y alargándose, preparados para algo más. Cambió al pecho izquierdo donde el sonido del corazón bombeando la sangre en sus venas era más fuerte y poderoso. No pudo resistir más. La mordió.

 

Nita se corrió tan pronto los colmillos atravesaron la delicada piel de su seno. El placer catapultándola más allá del límite. Se estremeció, gritó, gimió, y volvió a gritar. Revh no podía soportar más la presión que ejercía su deliciosa, húmeda y ardiente vagina, pero siguió empujando una y otra vez, alimentándose de la vena de su pecho, estirando su orgasmo hasta que se convirtieron en dos. O más.  Ella perdió la cuenta.

 

Con un grito atormentado, Revh se dejó llevar finalmente, chorro tras chorro de semen llenando su útero.

 

-¡Jesús! -murmuró a media voz, cuando acabó de estremecerse-. ¿Querías matarme verdad? -Nita rió suavemente, pero  no pudo contestar.

 

Él levantó un poco el torso, lo suficiente para liberar sus piernas, dio media vuelta con ella en brazos, descansando sobre su espalda para no aplastarla con su peso y resbaló la mano sobre ella, hasta llegar al trasero; agarrando firmemente el final del consolador, lo extrajo cuidadosamente. Ella gimió suavemente; después se acurrucó sobre su pecho como un gato satisfecho y se quedaron dormidos.

Fantasías III - Segunda Parte

Nita se irguió, la polla de Blay saliendo de su interior sin remedio. Éste alzó las caderas para evitarlo, pero ella se puso inmediatamente en pie, sus piernas abiertas a cada lado del cuerpo del macho mostrándole su húmedo e hinchado coño. Se pasó dos dedos sensualmente  por su hambriento centro y vio como Blay se pasaba la lengua por el labio superior y luego se mordía el inferior, clavando un blanco colmillo en él, una gota de roja sangre  hizo palpitar los suyos propios.

 

Ella desvió la mirada del vampiro que tenía bajo suyo, para mirar al que tenía ahora enfrente.  Qhuinn no perdía detalle del espectáculo y una llama de esperanza se encendió en su interior al ver que no lo echaban a patadas de allí. Su mirada recorrió el cuerpo femenino, haciéndola arder, para luego clavarla en Blay, quien había vuelto la cabeza para mirarlo intensamente.  Las rodillas de Qhuinn temblaron al ver el miembro brillante, duro y rojo de su amigo.

 

Nita volvió de nuevo la vista hacia Blay, tendiéndole la mano para ayudarlo a levantarse. Ambos caminaron de la mano hasta llegar donde estaba  Qhuinn. Nita empujó suavemente a Blay, para que se acercara más al macho, quedando tan cerca que cada uno respiraba el aliento embriagador del otro. Ella nunca había visto a dos machos tan impresionantes besarse y de repente pensó que moriría si no lo veía ahora. Blay pareció leerle el pensamiento, porque le echó una rápida mirada antes de salvar la corta distancia que los separaba para besar suavemente los labios de Qhuinn mientras acunaba su rostro entre sus manos. Éste tardó un instante en reaccionar, pero como si tuvieran vida propia, sus brazos rodearon el cuerpo masculino y las palmas acariciaron su espalda, hasta llegar a las nalgas desnudas de Blay, apretándolas contra sí, al tiempo que profundizaba el beso, hundiendo su lengua en la boca contraria.

 

Ellos gimieron al unísono y Nita pensó que podría correrse sólo con mirarlos. Decidida, se colocó a la espalda de Qhuinn y empezó a acariciarlo, sintiendo su ardiente piel bajo sus manos, los músculos de su espalda tensándose a cada suave roce. Enrolló los dedos alrededor del bajo de la camiseta y la fue subiendo poco a poco, revelando su dorado cuerpo. Cuando llegó a las axilas, Qhuinn alzó los brazos, dejándose hace,r y Blay terminó de sacársela por la cabeza, pues ella no era tan alta y no llegaba, lanzándola al suelo, para inmediatamente después abrazarse de nuevo y volver al beso, cada vez más hambriento.

 

Rodeando el torso de Qhuinn con los brazos, Nita colocó sus manos sobre su vientre y apretó sus pechos contra su húmeda y ardiente espalda. Éste gruñó de satisfacción al sentir sus duros pezones clavados en él y onduló las caderas, para que las manos que lo atormentaban siguieran su camino descendente. Ella sentía sus manos arder enterradas entre los dos cuerpos y le temblaban de deseo.

 

Le desabrochó lentamente la bragueta del vaquero, rozando con los nudillos el miembro de Blay, quien gimió corcoveando las caderas contra la mano exploradora.  Ella lo rodeó con los dedos y lo masajeó suavemente. La otra mano desapareció por la apertura de los pantalones de Qhuinn, tomándolo y acariciándolo al mismo ritmo que a Blay. Con la oreja pegada a su fuerte espalda, sentía el tronar frenético de su corazón y el ronroneo erótico que se formaba en su garganta.

 

De repente, todo fue demasiado para ella, no podía soportarlo más. Estaba tan caliente que creyó arder, la humedad de su excitación corría muslos abajo, su clítoris palpitando como si tuviera un corazón propio. Desesperada, soltó las grandes vergas y le arrancó los vaqueros a Qhuinn; arrodillándose detrás de él, le quitó las zapatillas y lo desnudó completamente. Se levantó de un salto y se colocó entre los dos cuerpos masculinos, rompiendo el contacto entre ellos. Los cogió de la mano y los arrastró hasta la cama. Cogió un bote de lubricante que había en la mesilla de noche y se lo dio a Qhuinn.

 

A continuación instó a Blay a ponerse de rodillas en el colchón, se puso frente a él y lo besó con pasión, trepando por su cuerpo al mismo tiempo, sus lenguas acariciándose, y antes de que él se diera cuenta, se empaló a sí misma con esa magnífica polla que tanto adoraba. Gritaron perdidos en el placer y Blay la aplastó contra el colchón con su peso, arrodillándose entre sus muslos imposiblemente abiertos, alzando su trasero, sin dejar de penetrarla, ofreciéndose a sí mismo a Qhuinn.

 

Éste se acercó con piernas temblorosas a la espalda de Blay, lubricándose polla, preparándose para él. Lanzó el lubricante en la cama, al lado de ellos y se colocó en el espacio que había entre las piernas de los dos amantes. Tanteó su entrada con los dedos, lubricándola y dilatándola.

 

Blay gimió desesperado, era tanto el placer. Tan grande. Se hundió hasta el fondo en el cuerpo femenino, mientras los dedos jugaban con su trasero. Demasiado pronto, éstos desaparecieron, pero cuando sintió la cabeza del pene sondeando la entrada, creyó morir. Cuando Qhuinn se enterró en él con una fuerte embestida y empezó a taladrarlo con las caderas, murió.

 

Se corrió inmediatamente, chorro tras chorro de semen salía disparado de su polla para inundar el vientre de Nita. Sus ojos en blanco, a punto de perder el conocimiento por la onda expansiva de placer que recorrió su cuerpo. Qhuinn no le dio respiro, lo penetró una y otra vez, con fuerza desgarradora, alargando el placer hasta límites insospechados. Gritando y gimiendo sin control, hasta caer sobre Nita con el cuerpo tembloroso, con el rostro escondido en su cuello.

 

Sintió al macho salir con cuidado de su cuerpo y él rodó por la cama hasta que Nita estuvo sobre su torso sudoroso. Tan pronto vio los ojos de distinto color sobre la cabeza de ella, estuvo listo de nuevo. Arqueó las caderas clavándose profundamente en la tierna vaina que era el cuerpo de Nita, haciéndola jadear, el resultado de su orgasmo desbordando de su interior y resbalando hasta empaparle las pelotas.

 

Qhuinn aprovechó los jugos para lubricar el trasero de Nita y hundirle dos dedos en él. Ella cayó sin fuerza sobre el cuerpo de Blay, quien la abrazó y la sostuvo mientras se mecía en su interior suavemente. Qhuinn la penetraba al mismo ritmo con sus dedos, preparándola, mientras ella se retorcía de placer bajo sus caricias.

 

Cuando no pudo soportarlo más colocó su polla en la entrada y empujó lentamente, dilatándola a su paso, dándole tiempo para adaptarse a la intrusión. Oh, Dios. Era tan malditamente estrecha que se la oprimía sin piedad. A este paso no duraría ni dos segundos.

 

Nita sollozó miserablemente cuando sintió la otra polla penetrándola, abriéndola sin contemplaciones. Estaba tan llena que pensó que reventaría en cualquier momento. Su corazón galopando salvajemente en una carrera sin retorno. Porque después de esto nada volvería a ser igual.

 

Sus pulmones se vaciaron de aire cuando Qhuinn se enterró profundamente en ella con un grito roto, mientras maldecía en la Antigua Lengua. Su cuerpo se desplomó sobre ella como una roca, aplastándola entre los dos, apoyando los codos a los lados y agarrando los bíceps de Blay con fuerza cuando comenzó a bombear sin descanso. El pelirrojo la sujetó por las caderas fuertemente y empezó a acelerar sus propias embestidas.

 

Los penes se acariciaban a través de la fina pared que los separaba, estimulándose aún más si cabía.

 

Pronto el sonido de sus respiraciones, de los cuerpos al chocar, carne contra carne, quedó tan lejano que apenas lo podían escuchar. Sólo el ritmo de sus propios corazones, la sangre latiendo en las sienes, el aire escapando de sus pulmones y el placer, era todo lo que podían sentir, percibir. Si una bomba hubiera aterrizado sobre sus cabezas, ni se habrían enterado.

 

La explosión orgásmica de Nita, los llevó a todos al límite. Sus pollas siendo apretadas hasta el punto del dolor. Gritó y sollozó, exprimiendo los miembros, queriendo todo de ellos. Se estremecía incontrolablemente, sus párpados cerrados con fuerza. Una segunda ola de placer la elevó hasta las estrellas y descendió hasta la bendita inconsciencia.

 

 

Fantasías III - Primera Parte

Nita levantó la cabeza del pecho de Blay, que permanecía tirado en el suelo con ella encima. Habían pasado 10 minutos completos, pero malditos si eran capaces de mover un dedo siquiera. Suerte que había tenido el reflejo de cerrar el agua en cuanto él había abierto la mampara de la ducha como un salvaje.

 

Se sonrojó al recordar como se veía, tan fiero y ardiente, tan... jodidamente sexy. Las rodillas se le habían convertido en gelatina y su centro se había empapado inmediatamente al verlo así. Su clítoris había latido como si poseyera un corazón propio.

 

Un espasmo en las paredes vaginales, eco de la pasión vivida y de la venidera, apretaron la verga semierecta de él, que permanecía cómodamente en su interior. Donde tenía que estar. Sus brazos acunándola protectoramente, su cuerpo absorbiendo su peso.

 

Empezó a depositar besos tiernos en la dura columna de su apetitosa garganta, acariciándolo con la nariz a su paso. Olía tan bien, suspiró. Ascendió lentamente por su mandíbula, dándole pequeños lametones en esa exquisita piel dorada.  La polla en su interior palpitó, su ronca risa retumbando en su pecho, bajo las palmas de sus manos. Terminó su recorrido posando sus labios sobre los del vampiro, presionando suavemente. Él respondió a su beso lánguidamente, deslizando una mano por la espalda de ella hasta llegar a su nalga, acariciando y amasando su carne, la otra, sujetándola por la nuca, acercándola  más a él.

 

Cuando lamió su labio inferior y lo atrapó entre sus dientes, Blay gimió, su erección dura y caliente dentro de ella. Preparado para ella. Con una sonrisa se sentó sobre él, metiéndosela hasta el fondo de su ser. Jadearon a la vez.

 

-Esto se siente tan bien- ronroneó ella, ondulando las caderas sobre él, meciéndose suavemente.Él la sujetó por las caderas, intentando refrenarla... o que lo hiciera más fuerte.

 

-Nita... me matas- gruñó, sus manos moviéndose hacia el norte, acunando sus pechos-. Podría estar follándote todo el día- apretó sus pechos, estimulando con los pulgares los pezones, que se endurecieron como diamantes.

 

Los ojos de Blay ardieron en fuego azul ante la visión y ella se estremeció, estrechando su húmedo canal. La espalda masculina se arqueó por el placer, el aire saliendo en un siseo. Su propia espalda formando un arco al sentirlo tan profundamente.

 

-¡Ey, Blay! ¿Qué coño estás...- La  potente voz masculina irrumpió en el baño antes de que pudieran parpadear- haciendo?- Terminó en un susurro. La escena se congeló por latidos.

 

Madre mía, pensó Qhuinn, sabiendo que tenía que largarse de allí, pero incapaz de obligarse a hacerlo. Menuda estampa. Los observó perplejo ante la pureza del acto, estaban espectaculares, no encontró otra palabra para definirlo mejor. Blay estaba de espaldas en el suelo, sus piernas dobladas con las rodillas en el aire, los talones de sus grandes pies perfectos apoyados en el borde del plato de la ducha. Nita sentada sobre él, hermosa y salvaje como una amazona, sus manos cubriendo las de Blay sobre sus propios grandes y cremosos pechos.

 

Se miraban con tanto amor. Sus ojos brillantes y oscurecidos por el deseo, sus respiraciones rápidas y superficiales, sus labios hinchados, rojos y entreabiertos.  Cuando sus cuerpos se habían arqueado, justo cuando estaba entrando, pensó que era lo más hermoso que había visto en su vida. Se había quedado mudo. Lo cual era mucho decir, viniendo de un macho como él.

 

Se sintió como un jodido mirón y a la vez honrado de que le hubieran hecho semejante regalo, aunque sin su consentimiento. Para su vergüenza, se endureció en sus pantalones. Él también lo deseaba. Los deseaba. A ambos.

 

Tenía que largarse de ahí, antes de que hiciera algo realmente estúpido, como sacarse la polla y masturbarse mientras los miraba. Su mirada se trabó con la de Blay y el tiempo se detuvo.

 

Nita observó sin aliento a Qhuinn analizando la escena. Se veía aturdido, avergonzado... y cachondo. Muy cachondo a juzgar por el tamaño de su erección.

 

Ella no sabía qué pensar de todo aquello, pero de algún modo, no parecía... incorrecto. Al fin y al cabo, era Qhuinn, una persona muy importante para ambos, y amaba el sexo. Podía entender su reacción. La que no acababa de entender era la de Blay. Primero parecía espantado por haber sido pillado; después, más cachondo que el mismo Qhuinn, ella lo sabía bien, porque lo tenía en su interior; pero finalmente parecía horrorizado cuando clavó sus ojos en los de ella.

 

Nita sabía lo que Blay sentía por el otro macho. Había estado enamorado de él por años, más exactamente, hasta que ella había aparecido. Porque ella era su compañera. No habría nadie más para él. Pero eso no impedía que deseara a Qhuinn, ella misma lo hacía, pues éste era casi tan caliente como su macho. Casi.

 

Le dedicó una sonrisa tranquilizadora, llena de amor y fuego, y se deslizó por su miembro hasta casi salirse del todo, para luego dejarse caer de nuevo. Con fuerza.

 

Blay gritó de éxtasis. Qhuinn gimió, su poderoso cuerpo temblando. Nita rió entusiasmada. Iba a darle a cada uno lo que querían.

Blay estaría por fin con Qhuinn.

Qhuinn follaría con los dos.

Y ella cumpliría su fantasía más caliente. Un trío. Con dos machos.

Geeeenial.

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Mayores de 18 años

Bueno, como veréis, este blog no es apto para menores de 18 años, porque puede contener archivos de alto contenido sexual. Así que depende de vosotros lo que hagáis. Yo ya he advertido. Un beso!!